La emergencia climática a través imaginarios multidimensional de Flatland

Hand drawing of a fictional map, above which are the words "The End of Flatland"

Esto ensayo en las conexiones entre la crisis climatica y la novela satirica del siglo decimonoveno « Flatland » es parte de la serie « Troubling Time » lo cual interroga ideas, lugares, procesos y problemas ambientales a través de lente de temporalidad. Editores de serie: Rebecca Laurent, Rudy Molinek, Samm Newton, Prerna Rana, y Weishun Lu

Este ensaio foi traduzido por S. D. ‘Sabrì’ Hodell.

Original text in English.


Para detener la emergencia climática, las sociedades necesitan observar profundamente cómo perciben transformaciones. Mientras la mayoría los debates sobre transformaciones se centran en  las innovaciones materiales, nosotros preguntamos: ¿Cómo pueden los miembros de las comunidades más responsables del calentamiento climático antropogénico revolucionar sus sociedades al buscar nuevas posibilidades en los rincones inexplorados de la vida cotidiana? Sorprendentemente, encuentro reflexiones sobre esta posibilidad en la historia satírica Flatland.

En 1884, Edwin A. Abbott (1838–1926) publicó su novela fantástica Flatland para denunciar diversas formas de discriminación que observaba en el Reino Unido durante la era victoriana. Escrita como unas memorias ficticias, Abbott recurre a metáforas matemáticas y describe las aventuras de figuras geométricas consciente(s) que habitan distintos espacios de dimensiones. Con sátira y ficción, el autor revela cuán injusta y restrictiva era la sociedad victoriana y, en el proceso, muestra que las transformaciones sociales no existen únicamente en el futuro: pueden estar ya presentes en forma no realizada.

Edwin Abbott a principios del siglo XX. Imagen de Wikimedia Commons.

Hace 140 años, las metáforas dimensionales de Abbott siguen siendo pertinentes, pues diversas formas de injusticia planetaria se ven magnificadas por la crisis climática y por las maneras en que las sociedades e instituciones intentan mitigar sus impactos reduciendo los gases de efecto invernadero (GEI) en la atmósfera.

Predomina entre muchos gobiernos e industrias una visión tecnoutópica de la mitigación del cambio climático. Sin embargo, existe consenso científico en que las transformaciones necesarias son posibles con tecnologías ya disponibles. Las posibilidades para la mitigación del cambio climático están aquí, ahora, pero permanecen sin ser exploradas. Así, son las restricciones sociales impuestas a la reimaginación del presente las que inhiben la descarbonización, limitando nuestra imaginación del futuro del sistema Tierra. En la actualidad, la inclusión de historias y cosmovisiones de comunidades marginadas por las estructuras de poder global en los procesos de mitigación es mínima. Varias capas del presente permanecen invisibilizadas, aunque deberían ser exploradas para reducir las emisiones de GEI. Leer Flatland en el contexto de la crisis climática hace emerger una idea central: las posibilidades de transformar el futuro ya están presentes en nuestro mundo; nosotros—como sociedades elitistas que seguimos contribuyendo a la crisis climática—simplemente no las vemos.

Las reglas de Flatland ¿Las reglas de las sociedades hoy en día?

En la novela de Abbott, escrita como memorias ficticias, el narrador -llamado A. Square- es un habitante de Flatland, un mundo bidimensional poblado por figuras geométricas conscientes. Flatland está regido por jerarquías estrictas y por un fuerte control de la cohesión social. El estatus de cada figura se determina por el número y la regularidad de sus lados. En la cima de la jerarquía social se encuentran los círculos, con un número infinito de lados. Estos pueden ser únicamente hombres. En el extremo inferior del espectro social se encuentran las mujeres, representadas como rectángulos de muy poca altura, que aparecen casi como líneas. Los colores están prohibidos, ya que podrían engañar la vista y generar la ilusión de que una figura posee más lados de los que realmente tiene. De este modo, al prohibir los colores, “el equilibrio de las clases permanece fijo”.

Las estructuras de poder social inhibe a las capacidades de todos para re-imaginar—de servicio los intereses de los a cargo.

Las representaciones satíricas del clasismo y la misoginia del siglo XIX están presentes a lo largo de toda la obra, particularmente cuando A. Square describe las reglas de Flatland, que materializan las estrictas jerarquías sociales vigentes en la Inglaterra victoriana. Leer Flatland en el contexto de la crisis climática permite identificar paralelos entre las descripciones satíricas de Abbott sobre el papel de las ideas en las artes y las humanidades, y las discusiones contemporáneas sobre la mitigación del cambio climático. Estas conversaciones han tenido lugar durante décadas en múltiples disciplinas, con la innovación tecnológica ocupando un lugar central. En este sesgo tecnoptimista, las artes y las humanidades han desempeñado un papel limitado, en sintonía con Flatland, donde el “sentir” es desalentado o incluso prohibido y se considera una falta grave. En esta sociedad bidimensional, las estructuras de poder limitan la imaginación, obligando a los habitantes de Flatland a reprimir la sensibilidad y priorizar la eficiencia temporal. Imaginar de otro modo se convierte en un acto transgresor.

A medida que avanza la trama, A. Square visita otros mundos. Allí emergen posibilidades que ya estaban presentes en Flatland, pero que no habían sido percibidas. En Lineland, un mundo unidimensional, A. Square encuentra al Rey. El Rey solo percibe líneas, mientras que Square percibe figuras. Acostumbrado a su propia perspectiva, el Rey es incapaz de experimentar el mismo espacio de manera bidimensional. “Me temo que ninguna palabra mía podrá hacerte comprender lo que quiero decir”, le dice Square. Square y el Rey comparten el mismo lugar y el mismo tiempo, pero Square percibe dos dimensiones, mientras que el Rey solo una. La situación se invierte cuando Square entra en Spaceland, el mundo tridimensional. “Ahora estira un poco tu imaginación”, le dice una esfera tridimensional. Square lo hace y se transforma, experimentando una dimensión adicional a las que había conocido hasta entonces. Al observar Flatland a través de las tres dimensiones de Spaceland por primera vez, comprende que está lleno de belleza. Esa belleza ya estaba allí, pero permanecía oculta debido a las limitaciones perceptivas impuestas por los imaginarios restringidos de Flatland.

Las dimensiones espaciales no son las únicas relevantes al imaginar cómo podría ser el mundo. El tiempo también es elástico, no solo en Flatland. Lo que Square experimenta al viajar a Lineland y Spaceland sugiere que dimensiones paralelas coexisten sin ser percibidas. Estos acontecimientos interpelan también al lector de Flatland. En nuestro propio mundo podemos observar cómo múltiples presentes coexisten más allá de la superficie del tiempo lineal. La imaginación permite explorar estas dimensiones y generar múltiples presentes en el pensamiento. Desde esta perspectiva, todos estos presentes habitan la noosfera, concepto desarrollado por filósofos y científicos para referirse al nivel más alto de la biosfera, que incluye la actividad mental y el pensamiento humano. Al igual que en Flatland, dimensiones paralelas del presente coexisten ya en nuestro mundo.

Las experiencias de A. Square muestran que los sistemas de opresión y desigualdad limitan las posibilidades de la imaginación, destruyendo estas dimensiones paralelas del pensamiento. Esto también se aplica a la forma en que abordamos hoy la crisis climática. Existen múltiples presentes en múltiples dimensiones, mientras nuestro mundo permanece anclado en un único presente producido y delimitado por las estructuras de poder. Esto plantea preguntas fundamentales para cualquier enfoque de la mitigación climática centrado exclusivamente en la innovación futura: ¿qué entendemos por “presente”? ¿Qué posibilidades del presente estamos dejando de ver al bloquear nuestra imaginación? Proyectar futuros sin reimaginar el presente limita nuestras posibilidades de transformación. Las transformaciones ya están presentes, fluyendo en una dimensión aún no reconocida, pero permanecen invisibilizadas debido a la acción de instituciones sociales dominantes.

Dibujo de Abbott que muestra cómo una esfera tridimensional interseca con el espacio en dimensiones inferiores. De la primera edición de *Flatland*, 1884. Imagen de Wikimedia Commons.

Descarbonización del transporte y reimaginación del presente

La reducción de emisiones de gases de efecto invernadero en el sector del transporte ofrece un ejemplo de cómo las dimensiones no realizadas ya están presentes cuando se reorienta el pensamiento centrado en el futuro hacia las posibilidades actuales de reimaginación. Los sistemas de transporte público son fundamentales para eliminar emisiones de manera compatible con sociedades más justas. Desde el siglo XIX, los trenes han permitido el transporte de corta y larga distancia, ofreciendo oportunidades significativas para reducir las emisiones de CO₂. Una amplia evidencia científica muestra que el transporte ferroviario, utilizando tecnologías e infraestructuras ya desarrolladas y en funcionamiento, puede disminuir de manera drástica las emisiones. Modelos recientes indican que la descarbonización completa para 2050 en el Reino Unido es posible con tecnologías ya existentes. Los desplazamientos de corta y larga distancia compatibles con este escenario requieren simultáneamente la expansión de la red ferroviaria y la adopción de tecnologías de energías renovables ya disponibles —como la energía solar fotovoltaica, eólica terrestre y marina— para alimentar trenes eléctricos.

Los trenes constituyen una de las soluciones ya disponibles frente a la crisis climática, junto con otras formas de transporte público, el uso de la bicicleta y los sistemas de uso compartido de automóviles. Sin embargo, su papel ha tenido un espacio limitado en los debates públicos sobre el futuro de la movilidad baja en carbono. Los enfoques tecnocéntricos priorizan otras innovaciones: los vehículos eléctricos, por ejemplo, permiten la continuidad de la industria automotriz, mientras los automóviles tienden a ser cada vez más grandes. En este marco, los desafíos relacionados con los materiales necesarios para producir estos vehículos suelen ser ignorados, al igual que cuestiones como su asequibilidad o el espacio urbano requerido para su circulación. Bajo esta lógica dominante, la respuesta a la crisis climática se reduce a la innovación material —los llamados techno-fixes. Estos refuerzan la idea de que la mitigación del cambio climático no puede ser reimaginada sin nuevas innovaciones tecnológicas. De manera similar a una concepción limitada de la dimensionalidad en Flatland, los imaginarios de la mitigación climática están condicionados por los efectos del tecnoptimismo sobre la capacidad social de transformar los rincones no explorados del presente. En esta visión restringida, las posibilidades del presente se descartan en favor de futuros diseñados para servir a intereses económicos actuales y a desequilibrios de poder.

Cuando la reimaginación se convierte en práctica, sin embargo, las posibilidades se multiplican y el presente deja de estar sujeto a concepciones rígidas del tiempo lineal. En Flatland, A. Square expresa esta transformación cuando afirma: “Nada podía detener el flujo de mis aspiraciones extáticas […] estaba embriagado por los recientes destellos de verdad a los que [la Esfera] me había introducido”. El presente ofrece una multiplicidad de experiencias, destellos de “verdad”, dependiendo de las restricciones que limitan la imaginación. Lineland, Flatland y Spaceland coexisten, aunque sus habitantes han sido entrenados para percibir su entorno desde una única perspectiva. Cada dimensión desarrolla un modo de percepción que se adapta a las estructuras de poder locales en función del statu quo: hay reconfiguración, pero no revolución.

Las transformaciones sociales podrían estar ya al alcance, en una forma aún no realizada.

De manera similar, los discursos dominantes sobre la crisis climática enmarcan la mitigación como un proceso basado en el mercado, sostenido por estructuras institucionales neoliberales y por un statu quo de producción-consumo que desalienta la reimaginación. Los techno-fixes ofrecen una forma de esperanza encubierta: la promesa de que una nueva tecnología permitirá mantener nuestros modos de vida actuales sin abordar las causas estructurales de esta crisis antropogénica. Las posibilidades inscritas en las realidades presentes permanecen sin ser enunciadas. Sin embargo, el potencial de la transformación radical amplía los límites de lo que entendemos por “presente”. Cuando A. Square transgrede esos límites, exclama: “¡Miré, y he aquí un mundo nuevo!”. Spaceland se revela ante él porque ha aprendido a mirar el mundo de otra manera. Square es entonces capaz de percibir la belleza que ya estaba allí, pero que no podía ver ni sentir debido a las restricciones de su percepción. Cabe preguntarse, entonces: ¿y si nuestro statu quo y nuestras formas de abordar la mitigación climática no fueran muy distintas de Flatland? ¿Qué dimensiones del presente aún no estamos siendo capaces de ver?

Las políticas de « re-imagination »

En Flatland, la limitación de la imaginación está vinculada a una limitación de la empatía. Cuando A. Square se libera de sus restricciones para ver en tres dimensiones en Spaceland, afirma sentirse mucho más amoroso y compasivo. De manera similar, permitirnos imaginar desmantela barreras para comprender cómo otras personas perciben la misma situación que nosotros. Una vez más, lo que es cierto en Flatland también lo es en un mundo atravesado por la crisis climática.

La cubierta interior de la primera edición de *Flatland*, que incluye un mapa del hogar bidimensional de A. Square, 1884. Imagen de Wikimedia Commons.

Al igual que en Flatland, el estado actual del mundo coloca a las comunidades en dimensiones separadas, cada una con su propio conjunto de recursos y condiciones materiales. En consecuencia, existe una pluralidad de experiencias y necesidades frente al cambio climático que deben ser consideradas en los procesos de mitigación. Sin embargo, estas no ingresan —o más bien, no se les permite ingresar— a los espacios de poder. Si solo conocemos lo que vemos a través de un campo limitado, diseñado para sostener el statu quo, ¿cómo podríamos conocer realmente las experiencias de los otros?

Abbott sugiere que, a través de las distintas dimensiones, el nivel de imaginación es comparable. Cuando A. Square experimenta la tercera dimensión en Spaceland, contempla la posibilidad de una cuarta. El Rey de Spaceland lo detiene allí y afirma: “volvamos a los asuntos prácticos”. Lo que en un primer momento aparece como progreso se convierte nuevamente en statu quo, donde las personas son bloqueadas una vez más en su capacidad de reimaginar el presente, incluso en contextos considerados “progresistas” —al menos según las narrativas dominantes. Esto se hace evidente en la forma en que las sociedades más contaminantes imaginan la realidad presente. En general, permanecemos ajenos a experiencias del presente que ocurren en otras “dimensiones”. Practicar la reimaginación, entonces, abre la posibilidad de la curiosidad y, a través de ella, la construcción de procesos que integren las experiencias de otros.

Leer Flatland en la era de la crisis climática revela cuán restringida está nuestra capacidad de transformación cuando nuestra imaginación del presente se encuentra limitada. Mirar nuestro tiempo presente desde nuevas lentes abre la posibilidad de acceder a realidades alternativas que ya existen, pero que no son ampliamente percibidas ni priorizadas. Las estructuras de poder social inhiben nuestra capacidad de reimaginación —al servicio de los intereses de quienes detentan el poder—. La gobernanza de Flatland es análoga a los procesos dominantes de mitigación del cambio climático. Comprender esto nos ofrece la posibilidad de romper con paradigmas impuestos socialmente y habitar realidades más amplias de la crisis climática que ya están aquí, en nuestro mundo. Solo están a la espera de ser plenamente exploradas.


Imagen destacada: La última página de la primera edición de la novela Flatland, de Edwin Abbott. Dibujo realizado a mano por Abbott, 1884. Todas las imágenes son de dominio público, dado que el autor ha fallecido hace más de 70 años.

Valeria Zambianchi es doctoranda de manera conjunta en la Facultad de Ciencias Sociales (KU Leuven, Bélgica) y en la Facultad de Geociencias (Universidad de Utrecht, Países Bajos). Su investigación examina la historia de los paisajes de políticas climáticas en el Reino Unido y los efectos de las interacciones dentro de estos en la adopción de energía solar fotovoltaica y eólica marina. Le interesa estudiar el espectro de narrativas y visiones del mundo (in)coherentes sobre la crisis climática, así como sus efectos socioecológicos y políticos. La autora agradece las sugerencias de Mark Dehlsen y Denitsa Marchevska en versiones anteriores de este texto, y a Jan Lukas Klein por compartir reflexiones y observaciones sobre su contenido. Twitter. Contacto.

Sobre el traductor: S. D. ‘Sabrì’ Hodell es escritor, obrero cultural y educador, especializado en temas de ecología, literatura e historia ambiental. Está radicado en New England, EE. UU., y él ha vivido internacionalmente en el sur global. Él tiene un máster en Historia de la University of Connecticut. Su novela ecoficción «Strange and Wonderful Garbage» irá a venidero.