Ramas, piedras y agencia anidada en la fotografía de la vida silvestre
Este ensayo fue traducido al español por Juanita Rodríguez.
A menudo creemos que los fotógrafos de la vida silvestre son personajes intrépidos, no-intervencionistas, lentos, diestros y, quizás más importante, solitarios. Sin embargo, pensar la fotografía de la vida silvestre como una actividad humana en solitario descuida sustancialmente el vigor y la agencia de la vida más allá de lo humano. En el terreno de la fotografía de la vida silvestre, los no humanos son vistos como musas pasivas que sirven a la creatividad humana y no como participantes activos. Sin embargo, los dos casos que estudio aquí —los nidos de los peces globo de Amamihoshi y de los pergoleros satinados— demuestran que ciertas fotografías de la vida silvestre son obras de arte colaborativas entre múltiples participantes y que sirven a los objetivos de los humanos y de los no humanos.
Repensar la fotografía de la vida silvestre de esta manera encaja dentro de un cambio más amplio en la investigación sobre las relaciones entre especies. El geógrafo ambientalista Jamie Lorimer señala que el “enfoque académico ha pasado de estudiar la cognición y la representación a estudiar cuestiones de personificación, interpretación, habilidad y afecto, entendidos como fuerzas y competencias distribuidas y relacionales que trascienden cualquier clasificación semi científica y cualquier división humano-no humano.” En términos más sencillos, en vez de enfocarnos en cómo las especies no humanas piensan el mundo, estamos empezando a pensar cómo ellas lo experimentan —y los espacios y escenarios en los que esa personificación se superpone y se cruza con el mundo humano en la creación de pertenencia y significado mutuos.

Un lugar clave donde estas ideas de entrelazamiento y personificación salen a la luz es en artes y oficios. Como arguye Daniel Palmer, académico experto en arte contemporáneo y teoría cultural, “pensar la fotografía en términos colaborativos nos invita a reconfigurar nuestras suposiciones sobre el acto fotográfico … [a] pesar del estatus normalizado de la fotografía como un acto de autoría individual.” Aunque Palmer no se refiera directamente a la fotografía de vida silvestre, su argumento repercute en la actual y más amplia discusión de las humanidades ambientales sobre pertenencias multiespecies y agencias más que humanas. Conceptualizar las fotografías de nidos como una actividad más allá de lo humano y lo individual no significa que se deba considerar a los animales como “artistas.” Al contrario, sencillamente se deben reconocer las subjetividades multiespecies que incluyen artes y oficios, pericia y agencia, pues cada una de ellas excede el alcance de lo humano.
Oficios colaborativos
¿Qué tienen en común el pergolero y el pez globo de Amamihoshi? Para un observador cualquiera, muy poco. El primero es un pájaro cleptómano, el segundo es una especie marina tóxica. Aún así, los dos animales tienen algo notable en común: sus respectivos oficios, o sus estrategias para aparearse a través de un montaje visual. Si bien los comportamientos reproductivos no suelen categorizarse como “oficios,” aquí me baso en la definición del término de multiespecie de Camilla Groth y Biljana Fredriksen:
“No estamos diciendo que los oficios no humanos sean iguales o tengan la misma intencionalidad consciente que aquellos humanos. Por el contrario, al reconocer el “arte” del oficio no humano y al aprender a apreciar los procesos transformadores llevados a cabo por actores no humanos, estamos respaldando una visión del mundo más balanceada y una distribución de poder más nivelada.”
Esta visión del mundo no depende de comprender el oficio no humano como una creación intencional de belleza, ni tampoco como un proceso en el cual el agente no humano es consciente, de manera innata, del valor visual de lo que está creando. Esta posición, la cual va más allá de las polémicas definiciones de “arte,” nos permite reconocer el valor del concepto expansivo de “oficios” humanos y no humanos y así comenzar a distinguir un proceso colaborativo de creación y recepción.
En el terreno de la fotografía de la vida silvestre, los no humanos son vistos como musas pasivas que sirven a la creatividad humana y no como participantes activos.
Al enfocarnos específicamente en las fotografías del nido, he basado mi análisis sobre obras existentes que trabajan las complejidades de la colaboración entre humanos y no humanos. Estos trabajos, que han surgido en el mundo académico occidental en las últimas dos décadas, han empezado a explorar las formas en que los animales crean significado a través de la creación de esculturas y pinturas y de su participación en obras de arte multimediales.
Una crítica común a las obras de arte no humanas, como pinturas hechas por chimpancés y perros, sostiene que, aunque los humanos les den sentido a estas obras, las piezas no tienen ningún significado para sus autores animales. Como lo subraya Jessica Ullrich, experta en estética multiespecie, “en muchas de las obras de arte entre especies los animales siempre están en riesgo de convertirse en meras extensiones de la agencia humana”
Los nidos como artefactos tienen el potencial de tender puentes entre significados: Así como son visualmente atractivos para el ojo humano, son inherentemente significativos para sus creadores animales. El valor de los nidos no deriva simplemente de las frágiles definiciones del valor estético entre especies, sino de un mayor conocimiento de la subjetividad equilibrada.
Pergoleros y agencia anidada
El nido del pájaro pergolero es un tema de interés para los expertos en cultura visual. Este interés no debe sorprendernos, pues los nidos del pergolero suelen ser muy llamativos en su peculiar composición y materialidad.
El pergolero macho se dispone a hacer su nido al recolectar y arreglar objetos coloridos entorno a una estructura construida, conocida como pérgola. Estos objetos pueden incluir bayas, piedras y ramas o también pueden hechos por humanos, como juguetes de plástico y basura.

La pergolera hembra suele visitar múltiples nidos antes de decidirse por el más apropiado, usando su juicio para escoger pareja. Los nidos más simétricos y verticales y mejor decorados son los más exitosos a la hora de atraer a la hembra. Este proceso de creación y juicio por parte del macho y la hembra, respectivamente, se presta a la perfección al ojo de la cámara. La fotografía de Keith Horton, “El pergolero azul,” ilustra claramente esta afinidad. Tras recibir gran atención, se convirtió en una de las imágenes ganadoras del concurso “Wildlife Photographer of the Year” (Fotógrafo de Vida Silvestre del Año) de 2024. La fotografía muestra una pergolera satinada evaluando, de manera juiciosa, el trabajo de un macho que adornó su pérgola con objetos de plástico azul luminosos, como tapas de botella, pinzas para colgar ropa y pitillos.

La imagen muestra la intrincada relación entre la vida humana y la vida más allá de lo humano en múltiples formas. Las huellas materiales humanas —los objetos desechados, en apariencia banales, que el pergolero ha recolectado— son una señal clara de dicha relación. La imagen en sí misma es otro lugar donde se lleva a cabo este entrelazamiento. Aunque esté detrás de la cámara, la presencia del fotógrafo humano ayudó a crear la foto que vemos.
Y, después, estamos nosotros: los humanos, probables espectadores de la imagen. Observamos la fotografía. El fotógrafo observa los pájaros en su hábitat. La pergolera hembra observa el trabajo del macho. Y, finalmente, el macho observa al fotógrafo, rompiendo el cuarto muro con sus penetrantes ojos azules. Por tanto, la foto resultante es producto del equilibrado balance entre lo humano y aquello más allá de lo humano. Abarca las múltiples e intercaladas subjetividades.
La fotografía final es un esfuerzo conjunto entre el pájaro y el humano. Los procesos estéticos se desarrollaron antes de la llegada de Horton. El fotógrafo no llegó a un lienzo intacto ni al hábitat de una musa pasiva. Por el contrario, la imagen es un sitio activo de destreza y creación en el que Horton, como testigo fotográfico, es parte de un diálogo más amplio entre coautores.
El pie de foto habla de las capas de autoría que están en juego: “Este (pergolero) hace buen uso de los desechos de tapas de plástico, pitillos y ganchos para colgar la ropa.” La intencionalidad del pájaro en la recolección de materiales para construir su nudo es clara y la frase “hacer buen uso de” reconoce además la agencia del pájaro. Así como la foto de Horton fue resultado de su paciencia, cuidadosa enmarcación e intencionalidad, estas mismas cualidades le dieron forma al nido del pergolero.
Mandalas bajo el mar: El nido del pez globo de Amamihoshi
A diferencia de su contraparte ornitológica, críticos y expertos no le han dado tanta atención al pez globo de Amamihoshi. Sus nidos acuáticos son un descubrimiento relativamente reciente y la captura adecuada de imágenes de sus obras submarinas es todavía inaccesible para muchos. Sin embargo, el nido del pez globo de Amamihoshi es un tema cautivador en el arte de la colaboración multiespecie.

A diferencia del pájaro pergolero y de otras especies acuáticas como el cíclido conchícola gigante (cllipterus cichlid), el ritual de construcción de nidos del pez globo de Amamihoshi no se basa únicamente en la recolección. Es, por el contrario, un proceso de alta exigencia física. El pez globo macho usa sus aletas y cuerpo para dejar miles de marcas en el fondo del mar. Trabaja patrones circulares hacia dentro para crear un complicado mandala en la arena. Termina su labor dejando pequeñas conchas que adornan los caballones de su creación.
El buzo Yoji Ookata documentó el inusual nido del pez globo de Amamihoshi frente a la costa de Japón en 2012 y, tiempo después, regresó al mismo lugar con el equipo de documentales sobre naturaleza del servicio de medios públicos japonés NHK. En 2014, en un episodio del documental “Life Story” de la BBC se documentó el ritual de la creación del nido del pez globo. En particular, David Attenborough, voz en off del episodio, catalogó como “obra maestra” el trabajo del pez, atribuyéndole sutilmente un grado de agencia creativa al pez globo.
Sumergido en una galería acuosa, el fotógrafo del nido del pez globo es cómplice del trabajo de una escultura hecha por manos expertas. Y, como testigo pasajero, es clave en la documentación de la desintegración de la obra de arte.
Desde la perspectiva de la cultura visual, las fotografías y secuencias filmadas de los nidos del pez globo de Amamihoshi son interesante en cuanto sus resultados y sus implicaciones. La posición del nido en el fondo del mar significa su rápida degradación, y esa falta de permanencia persuade al testigo humano a actuar con cierta urgencia y con carácter oportuno, como si fuera una pieza de arte performativa o una instalación que debe quedar registrada en cámara antes de que desaparezca.
Contemplar el nido del pez globo de Amamihoshi como un objeto de arte estético conlleva a las mismas preguntas que surgen cuando se contemplan los nidos de los pájaros pergoleros, a pesar de que los nidos estén geográfica y materialmente distantes uno del otro.
Sumergido en una galería acuosa, el fotógrafo del nido del pez globo es cómplice del trabajo de una escultura hecha por manos expertas. Y, como testigo pasajero, el fotógrafo es clave en la documentación de la desintegración de la obra de arte. Fotógrafos como Ookata y documentales como el de la BBC representan, por tanto, una colaboración entre el artista y su audiencia, y no del artista y su musa.

Significados en coautoría
La fotografía de los nidos de los peces globo y de los pájaros pergoleros reflejan las complejidades de los encuentros entre especies, en especial en la creación de medios visuales. He procurado comprender el proceso de la documentación fotográfica no como una simple instantánea de un objeto, animal o paisaje, sino, por el contrario, como un artefacto de una experiencia compartida y personificada de espacio y estética. La imagen resultante pueda que sea estática, pero al estar enmarcada en esta perspectiva, cuenta una narrativa más amplia de creación y recepción dinámicas.
Las fotografías tanto del pez globo como de los nidos del ave jardinera reflejan lo que queremos ver de la naturaleza: algo ecléctico, intrincado y elaborado con habilidad. Sin embargo, como espectadores, tenemos la capacidad de mirar más allá, de entender la fotografía como un artefacto de entrelazamieto entre creadores humanos y no humanos, y no simplemente como representaciones estáticas de mundos no humanos completamente separados del nuestro.
Imagen destacada: un fotógrafo capturando la imagen de una tortuga bajo el agua. Foto de Leonardo Lamas, 2019.
Rae Ferner-Rose es estudiante de posgrado y escritora radicada en Bristol, Reino Unido. Estudia la cultura visual del Antropoceno con énfasis en las especies en peligro de extinción y paisajes de conservación. Instagram. Substack. Contacto.
Juanita Rodríguez es doctora en Historia por la Universidad Estatal de Nueva York en Binghamton, Estados Unidos. Es especialista en historia y cultura visual de Colombia y América Latina. Su tesis doctoral trata sobre los mundos visuales de la Reforma Agraria en Colombia, décadas de 1960 y 1970. Contacto.
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